generación perdida
penuria y marginación
ni estudian ni trabajan, son blanco potencial de la ilegalidad. Ante ese panorama, se ha gestado entre la juventud un fenómeno de desesperanza y frustración, pero también de malestar social, que de acuerdo con expertos ya deja sentir sus efectos.
La primera vez que leí las cifras me quedé atónita: la mitad de los jóvenes de entre 15 y 18 años no estudia ni trabaja. No tienen ninguna opción en un mercado de trabajo saturado.
En México son 7 o más millones, y en el mundo suman muchos más los jóvenes que no tienen un futuro o, si cuentan con él, éste es desesperanzador, desolador y penoso. Es una generación marcada por la desilusión a la que se denomina los “Ninis”, precedida por los “Emos” y la generación “X”.
Según el Informe Nacional sobre Violencia de Género en la Educación Básica en México, la mayoría de los niños de primaria han sufrido alguna vez humillaciones o insultos, principalmente de sus compañeros
Se estima que al menos 10 por ciento de los alumnos de primaria y secundaria en México son víctimas de acoso escolar o bullying
claramente a un líder, una víctima y a un grupo espectador que no interviene de manera directa, pero es testigo de los abusos.
Muchos niños y adolescentes no comprenden el peligro que representa dar detalles de su vida privada y familiar, descuido que aprovechan los hackers o secuestradores para infiltrarse y hacer que les cuenten secretos de su vida privada con los que luego son amenazados.
Actualmente, empresas de tecnología informática alertan sobre diversos peligros que existen en las redes sociales, como el caso de Jacqueline, que surgió en Facebook, la cual cuenta con más de 400 millones de usuarios y donde hay un sin número de aplicaciones que enganchan a los usuarios para robarles información personal.
En México existen 10 millones de mexicanos que no tienen la primaria terminada y 17 millones más carecen de certificado de secundaria, señaló el director general del Instituto Nacional de Educación para Adultos
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Docentes rechazan tecnologías por esta razón; “no tienen desarrolladas habilidades digitales que les permitan enseñar” dice estudio
Sikuélachi es el nombre del cortometraje documental que cuenta una historia sencilla pero dura: la creación de una escuela donde antes no había ninguna, su construcción en una zona aislada y muy agreste, el significado para los pobladores de contar con una habitación pequeña, un aula mínimamente digna para que sus niños aprendan –por lo pronto unos catorce de entre tres y cinco años–, protegidos de las inclemencias del tiempo y con el apoyo afortunado de una maestra interesada en su suerte y en su futuro.