Tú también debes traer la presencia de Dios dentro de tu familia, porque la familia que reza unida se mantiene unida. Yo pienso que nosotros en nuestra.familia no necesitamos bombas o rifles, para destruir o para traer la paz. Sólo unámonos, amémonos el uno al otro, traigamos esa paz, esa alegría, esa fuerza de presencia de cada uno en el hogar. De esta forma, podremos sobreponernos a todo el mal que existe en el mundo. Hay tanto sufrimiento, tanto odio, tanta miseria, y nosotros con nuestra oración, nuestro sacrificio, debemos empezar en casa. El amor empieza en casa, y no es cuánto hacemos, sino cuánto amor ponemos en la acción que hacemos. A Dios omnipotente no le importa cuánto hacemos, porque Él es infinito, sino cuánto amor ponemos en esa acción, cuánto hacemos por Él en la persona que estamos sirviendo.