Así mientras expresa admiración y aliento por los pioneros de la investigación científica exhorta a mantener el horizonte ‘sapiencial’ en el cual los logros científicos están acompañados de valores filosóficos y éticos. La sociedad del conocimiento estaría orientada por la verdadera sabiduría, es decir, la práctica de la virtud y es precisamente en la sabiduría donde Juan Pablo II se acerca más al humanismo renacentista europeo de Luis Vives que al espíritu ilustrado francés de las luces.