un hombre, que simboliza una de las figuras autoritarias consolidadas de la modernidad (sacerdote, maestro, padre o jefe), se encuentra recluido en una habitación víctima de un atentado. Durante su reclusión, el hombre escucha las voces de sus visitantes que le reprochan sus actos o sus palabras o sus sentimientos, dependiendo de la relación personal que cada uno de ellos haya mantenido con el hombre. Simultáneamente y azuzado por esas voces, pero también por las confusas circunstancias del atentado del que ha sido víctima, el hombre vive una angustiosa e infernal experiencia cercana a la muerte a través de la cual retorna transformado, dispuesto a reparar y a corregir. Sin embargo será sólo la aclaración de lo que le ha sucedido, de la manera como le ha sucedido y de las razones de lo que ha pasado, lo que le permitirá renacer y sobreponerse totalmente a lo ocurrido. Una vez aclarado el atentado (¿qué, quién, cómo, por qué?), el hombre estará listo para emprender una nueva vida