Aunque hay constancia de que se empleaba para tratar el reúma y la gripe allá por el 2700 antes de Cristo, no es hasta el siglo XIX cuando el cannabis se convierte en uno de los preparados a los que la medicina recurre como anticonvulsivo, analgésico o antiemético. La aparición de fármacos sintéticos y la presión social y política por su carácter recreativo, consiguieron aislarlo desde principios del pasado siglo.
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