This link has been bookmarked by 1 people . It was first bookmarked on 30 Sep 2008, by manolitovaldes pizzini.
La pintura de marinas va unida al paisaje, figurando siempre conjuntamente en todos los apartados y relaciones, a pesar de ser conscientes de sus diferencias y particularidades, que como apuntaba un crítico en la exposición de 1884, rara vez marchan juntas en un solo artista. Piden vocaciones muy distintas, prácticas muy diferentes, especiales actitudes, desarrolladas por un largo ejercicio dentro de su respectivo campo. Su evolución en el transcurso de las exposiciones permite seguir la situación en España, desde la que vivía de espaldas al mar, encerrada política, cultural y económicamente en la meseta, a la que conoce el desarrollo periférico y vuelve sus ojos al mar, gozando de los primeros veraneos en las playas.
Las marinas, como el paisaje, por su capacidad de evocación abarcan un campo muy amplio, desde lo trágico a lo sublime, desde lo exótico y pintoresco a lo cotidiano. Por ello conviven los temas emblemáticos -La Invencible, de Gartner (1892) o Trafalgar, de Ruiz Luna (1890)- con los de denuncia social -La muerte del piloto, de Martínez Abades (1890) o Buscando patria, de Rafael Romero de Torres (1890)-; las costas y mares extranjeros -Costa de Normandía, de Morera (1892)- con las repetidas vistas de puertos y calas españolas -La Rada de Alicante, de Monleón (1881)-; los mares bravíos de encrespadas olas y aguas procelosas -La entrada en el puerto de Valencia en un día de Levante, de Juste (1884)- con la paz evocadora de Calma, de Gartner (1890), que le valían las gracias y el reconocimiento de un malagueño residente en Madrid, "por este trozo de mar que ha metido usted en mi casa y que viene como a dar forma sensible a un recuerdo eterno, que sólo tenía hasta ahora lo inmaterial con que vivía en mi mente y en mi corazón".
Would you like to comment?
Join Diigo for a free account, or sign in if you are already a member.