No me importa levantarme en absoluto, tomar las riendas del día y sentirme viva de nuevo. No me importa vestirme de rutina si en ella me puedo encontrar con ese cálido beso de mis hijos al despertar.
Me paso el día hablando, pero me gratifican mucho esos minutos de charla con mis amigas mientras tomamos un zumo en la hora del almuerzo.
Me encuentro un poco aislada a solas en mi oficina, pero adoro ponerme un cd de algún cantante que me gusta y tararear por lo “bajini” mi música favorita.
Me agotan las horas de trabajo, como a todo el mundo. Pero me hace sentir bien ese apretón de manos con alegría de la persona que se va de la oficina contenta.
Llegar a casa por la tarde y escuchar el sonido de los pasos de la peque corriendo hacia mí para abrazarme.
Es el momento de meterse entre las sábanas y me parece magnífico quedarme quieta, repasando mentalmente el día. Me encanta ese momento…
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